El Índice de Bienestar UdeSA-OSDE se ubicó en septiembre en 3,34 puntos sobre 5, sin cambios significativos desde marzo.
Los millennials y los sectores de menores ingresos registran los niveles más bajos, mientras que los boomers y los de mayor poder adquisitivo presentan los más altos.
La economía personal es la dimensión peor valorada y los vínculos familiares y sociales, las principales fuentes de satisfacción.
Los boomers alcanzan 3,66 puntos; la Generación X, 3,48; la Generación Z, 3,34; y los millennials, 3,15. Por nivel socioeconómico, el segmento ABC1 registra 3,74, frente a 3,20 del grupo de menores recursos.
También hay diferencias geográficas: el Sur llega a 3,65 y el NEA a 3,61, mientras que la Ciudad de Buenos Aires registra 2,93 y el Gran Buenos Aires, 3,32.
La economía pesa, los vínculos sostienen
La satisfacción con la situación económica personal obtiene 2,48 puntos y con la situación laboral o actividad principal, 2,85.
En el extremo opuesto, la relación familiar o de convivencia alcanza 3,93 y los vínculos con amigos, 3,72.
Quienes se reúnen presencialmente con familiares o amigos dos o tres veces por semana registran un bienestar de 3,66, frente a 2,95 entre quienes nunca lo hacen.
La alimentación presenta la mayor brecha entre los hábitos analizados: quienes la consideran muy saludable alcanzan 3,80 puntos de bienestar, frente a 2,62 entre quienes la califican como nada saludable.
Dormir más, hacer actividad física y pasar tiempo al aire libre también aparecen asociados con niveles superiores. Estos resultados describen asociaciones y no permiten concluir que un hábito sea necesariamente la causa de un mayor o menor bienestar.



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