El Gobierno planea llevar al Congreso una reforma política con dos ejes definidos: la consagración de la Boleta Única de Papel (BUP) y la eliminación de las PASO.
En ese tablero, las provincias no solo aportan votos legislativos: también son moneda de negociación a través del calendario electoral. Adelantar comicios para evitar desdoblamientos masivos o reinstalar una suerte de “alto el fuego” en territorios aliados son algunas de las cartas que La Libertad Avanza tiene bajo la manga.
Las voces en contra se multiplican, en especial en los espacios que deben dirimir liderazgos, como el PJ, donde las PASO asoman vitales en momentos donde los consensos no abundan. Pero también el radicalismo y hasta el partido de Mauricio Macri buscan retener esa instancia.
Quienes aspiran a competir con frentes y no como partidos, entienden que las primarias abiertas no solo resuelven las candidaturas, sino también los problema de implementación de una interna cerrada: cómo encastrar los padrones de los sellos que integran una misma alianza.
Desde ya, todo el arco político es escéptico respecto a las nobles intenciones que plantea el Gobierno. Entienden que no se trata de ahorrar gastos, sino de una táctica electoral que le puede ser útil a Javier Milei y a LLA.
Las intenciones del Gobierno son explícitas. Santilli expresó esta semana que el Gobierno de Javier Milei avanza con la propuesta de cambios. “Nos debemos en el Congreso una discusión electoral que seguramente en los próximos meses estará arriba de la mesa”, afirmó durante su exposición en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).



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