Las inundaciones repentinas que arrasaron el miércoles la frontera entre Nepal y Tíbet, en China, dejaron al menos 359 muertos y más de 1.300 desaparecidos, entre ellos cientos de turistas extranjeros.
El desastre se produjo tras un desprendimiento vinculado a un glaciar en el Himalaya, que desencadenó una violenta corriente de agua, lodo y escombros.
Alerta por una segunda riada: Aguas arriba del puerto de Gyirong se formó un lago por un represamiento natural y las autoridades chinas temen que la barrera ceda o sea sobrepasada, lo que podría provocar nuevas inundaciones río abajo.
Los daños complican las tareas de búsqueda y rescate: decenas de puentes quedaron destruidos y casi 40 kilómetros de carreteras resultaron afectados.
El Ejército nepalí desplegó helicópteros y rescató a más de 100 personas. Decenas de heridos fueron trasladados a Katmandú para recibir atención médica especializada.
El geólogo y alpinista español Jerónimo López advirtió, en declaraciones a EFE, que recuperar cuerpos será difícil porque las masas de lodo, una vez consolidadas, son “muy difíciles de remover”.
También señaló que el retroceso del hielo y la degradación del permafrost están volviendo las montañas “cada vez más peligrosas” y que persiste el riesgo de nuevas riadas por la inestabilidad del terreno.



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