La Armada conmemoró este sábado el 212 aniversario de su creación, con un acto en el Estadio de la Base Naval Puerto Belgrano, y con la presencia de los ministros de Defensa, teniente general Carlos Presti, y de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Pablo Quirno.
El discurso del jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay, anfitrión en la ceremonia buscó combinar historia naval, geopolítica y reclamo presupuestario en una narrativa coherente: la Argentina necesita volver a pensar el mar como un espacio central de poder y no como una periferia olvidada.
Más que discurso conmemorativo, fue una pieza de doctrina estratégica y de presión institucional moderada.
Los cuadros formados en la base Puerto Belgrano y en las unidades navales esperaron en vano alguna definición sobre la marcha de la obra social militar.
La presencia de los dos ministros cuyas áreas de competencia articulan una política de Estado en relación con los intereses estratégicos navales del país puso el contexto adecuado.
La frase de Romay apuntó a un tema de coyuntura que preocupa al mundo uniformado por su impacto a futuro tanto en alistamiento como en adiestramiento del denominado “instrumento militar”.
Se trata de la reciente adecuación presupuestaria por Decisión Administrativa 20/2026 o sea la poda o “motosierra” a más de 45 mil millones de pesos del presupuesto de Defensa.
La guadaña anticipa un calvario para la operatividad de las tres fuerzas armadas, aunque nadie se anime a decirlo en público.
En marzo pasado durante el recordatorio del fallecimiento del almirante Brown el jefe de la Armada había reclamado submarinos y fragatas modernas, insistiendo en recuperar “capacidades postergadas”.
Sin estrategia, sin inversión y sin conciencia ciudadana, esa riqueza se pierde”, afirmó Romay al referirse a la importancia del Atlántico Sur, la Zona Económica Exclusiva argentina y la necesidad de garantizar presencia permanente en aguas nacionales.



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